El artículo plantea una reflexión sobre el valor que le damos al proceso de creación de nueva música clásica, específicamente ópera. Se cuestiona si la sociedad realmente comprende la magnitud del trabajo que implica componer una obra de este tipo. La creación de una ópera no es simplemente escribir notas musicales, sino un proceso complejo que abarca la orquestación, la escritura de libretos, la dirección vocal y la coordinación de múltiples artistas. Este esfuerzo monumental a menudo pasa desapercibido para el público general. El texto invita a una mayor apreciación del arte y del trabajo de los compositores contemporáneos, resaltando la importancia de reconocer el valor intrínseco de la nueva música. En definitiva, se busca promover una reflexión sobre cómo consumimos y valoramos las expresiones artísticas más exigentes.