El presidente estadounidense, Donald Trump, mantiene una relación antidemocrática con las fuerzas armadas. Esta dinámica se manifiesta a través de la politización de los nombramientos militares, la supresión del debate esencial sobre estrategias bélicas y una campaña interna denominada “anti-woke”. Estas acciones están debilitando peligrosamente a la primera armada del mundo. La controversia surge de la percepción de que Trump prioriza agendas políticas sobre la preparación y cohesión de sus tropas. Esta situación genera preocupación sobre la capacidad de respuesta y efectividad de las fuerzas armadas estadounidenses. Expertos advierten que esta erosión de la confianza y profesionalismo podría tener consecuencias graves a largo plazo.