El presidente colombiano, Abelardo De la Espriella, ha anunciado gobernar desde diferentes territorios, comenzando con Cali y declarando a Barranquilla como capital alterna. Esta decisión va más allá de una simple estrategia mediática, buscando reabrir un debate sobre la descentralización que Colombia ha evitado por décadas. La iniciativa busca trasladar el poder central hacia las regiones, promoviendo una gobernanza más cercana a las necesidades locales. Se cuestiona si esta medida es un cambio simbólico o el comienzo de una transformación real en la estructura de poder del país. La medida podría enfrentar desafíos significativos en su implementación, pero representa un paso audaz hacia una posible redistribución del poder político y administrativo. Este cambio podría impactar la forma en que se toman decisiones a nivel nacional y regional en el futuro.