La efectividad en la reducción de la violencia y el fortalecimiento de la justicia dependen directamente de la capacidad de las instituciones para coordinar esfuerzos. El texto subraya la necesidad de que estas entidades trabajen en conjunto, persiguiendo metas comunes y compartidas. Se enfatiza que la fragmentación o la falta de alineación institucional obstaculizan el progreso en ambos frentes. La colaboración interinstitucional no se presenta como una opción, sino como un requisito fundamental para abordar estos desafíos sociales. Esta sinergia implica una comunicación fluida, intercambio de información y una estrategia unificada. En definitiva, el mensaje central es que la consecución de una sociedad más justa y segura pasa por la cooperación institucional.
