Las personas en situación de pobreza son especialmente vulnerables a una amplia gama de desafíos, incluyendo enfermedades, hambruna, infraestructura deficiente y crisis económicas. La pregunta central es si las políticas climáticas actuales realmente beneficiarán a estos grupos más susceptibles. Existe la preocupación de que las medidas climáticas, si no se diseñan cuidadosamente, podrían incluso exacerbar las desigualdades existentes. Es fundamental que organizaciones como JICA y el Banco Mundial coloquen a los más pobres en el centro de sus estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático. Priorizar sus necesidades garantizará un futuro más equitativo y sostenible para todos, especialmente en un mundo afectado por el cambio climático. Se necesita un enfoque integral que aborde tanto la pobreza como la crisis climática de manera simultánea.