La cobertura periodística sobre la crisis climática ha disminuido en un 38% desde 2021, lo que representa un problema para la democracia. Según Erika Bjerström, esta reducción es comprensible dado el creciente hostigamiento y las amenazas que enfrentan los periodistas especializados en esta temática. La continua exposición al odio y la resistencia desmoraliza a los profesionales, llevándolos al agotamiento. Esta situación silencia una de las crisis más importantes de nuestro tiempo, limitando la información disponible para el público. Bjerström argumenta que la disminución de la cobertura no sólo afecta a los periodistas, sino que también impacta en la conciencia y la respuesta pública a la emergencia climática. Se necesita abordar el acoso para garantizar un flujo constante de información crucial sobre el futuro del planeta. La falta de cobertura mediática agrava la situación y obstaculiza la acción climática efectiva.

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