La escasez de agua, la contaminación bacteriana y parasitaria, el cambio climático y la infraestructura de tuberías obsoleta representan una amenaza creciente para el suministro de agua potable. Las autoridades se enfrentan a la difícil decisión de priorizar entre el tratamiento de aguas residuales y la protección de los recursos marinos para garantizar la calidad del agua. El cambio climático exacerba la situación, intensificando los periodos de sequía y aumentando el riesgo de contaminación. La antigüedad de las redes de distribución agrava el problema, facilitando filtraciones y la proliferación de microorganismos dañinos. Se están explorando soluciones para asegurar el acceso a agua segura, considerando tanto la reutilización de aguas residuales tratadas como la preservación de fuentes de agua naturales. La situación exige una inversión urgente en infraestructura y una gestión sostenible de los recursos hídricos.
