Una organización baptista ha contratado a una empresa vinculada al presidente para impartir formación por cientos de millones de forints. Otra empresa del presidente suministra a la cocina de la misión. Ferenc Mile defiende estas operaciones, argumentando que son eficientes, necesarias y no representan un conflicto de intereses. La práctica plantea interrogantes sobre la transparencia y la posible utilización de fondos religiosos con fines comerciales en Hungary. Esta situación desdibuja las líneas entre asuntos eclesiásticos y empresariales. Las transacciones financieras involucradas son significativas y merecen un escrutinio detallado. El presidente insiste en que estas colaboraciones son legítimas y beneficiosas.