Dos ciudadanos británico-chinos han sido condenados en Londres a ocho y diez años de prisión por espiar para los servicios de inteligencia chinos y de Hong Kong. La justicia británica los declaró culpables de apoyar actividades de espionaje en el Reino Unido. Los acusados negaron las acusaciones durante el juicio. El caso revela una operación de vigilancia dirigida a individuos en suelo británico, aunque las identidades de los objetivos no se han revelado completamente. Las autoridades británicas consideran este fallo un mensaje claro contra la interferencia extranjera. La sentencia subraya la seriedad con la que el Reino Unido aborda las amenazas a su seguridad nacional. Se espera que el caso tenga implicaciones diplomáticas entre el Reino Unido y China.
