Medios estatales chinos han criticado duramente las recientes declaraciones del canciller alemán sobre una posible revaluación del yuan. Consideran estas exigencias como una forma de presión política inaceptable y una injerencia en su política monetaria. La publicación oficial califica estas demandas como un intento de influir en la economía china mediante tácticas coercitivas. Pekín defiende su política cambiaria actual, argumentando que responde a las necesidades de su propia economía. La reacción subraya la sensibilidad de China ante las presiones externas sobre su moneda. Este incidente podría tensar aún más las relaciones comerciales entre China y la Unión Europea. El gobierno chino reafirma su compromiso con la estabilidad económica global, pero rechaza cualquier intento de manipulación política.
