El Congreso chileno aprobó una reforma económica clave impulsada por José Antonio Kast, con el objetivo de revitalizar la economía nacional. La reforma incluye una reducción del impuesto corporativo al 23%, buscando incentivar la inversión empresarial. Además, ofrece garantías de estabilidad jurídica para grandes proyectos de inversión, atrayendo capitales. Esta medida se produce en un contexto de desaceleración económica, con una revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento a largo plazo, pasando del 4% al 3,5% para 2030. El gobierno espera que la reforma contrarreste esta tendencia y fomente un nuevo período de dinamismo económico. Se argumenta que la estabilidad y los incentivos fiscales son cruciales para reactivar la inversión y generar empleo. La aprobación de esta reforma representa un hito significativo en la política económica del actual gobierno.