La psicología sostiene que los patrones de vinculación se desarrollan durante la niñez, influyendo directamente en la vida afectiva adulta. Dependiendo de estas experiencias tempranas, las personas tienden a desarrollar estilos de apego "ansiosos-dependientes" o, por el contrario, "distantes". Estos modelos mentales actúan como una guía invisible en la forma en que nos relacionamos con nuestras parejas. Sin embargo, el texto subraya que el estilo de apego no es el único factor determinante para el éxito amoroso. Para alcanzar una relación plena y feliz, se requieren elementos adicionales más allá de la predisposición psicológica infantil. En conclusión, aunque la infancia marca la tendencia, la estabilidad emocional en la adultez depende de una combinación de factores.