El trabajo infantil, definido como aquella actividad que atenta contra la infancia y la dignidad de los niños, persiste como una problemática global silenciada. Afecta negativamente el desarrollo físico, mental y emocional de los menores, impidiéndoles acceder a la educación y limitando sus oportunidades futuras. Diversos factores, como la pobreza, la falta de acceso a la educación y las crisis económicas, contribuyen a su proliferación. Organizaciones internacionales y gobiernos están implementando estrategias para combatir esta forma de explotación, incluyendo la promoción de la educación, el fortalecimiento de las leyes laborales y el apoyo a las familias vulnerables. Sin embargo, la erradicación del trabajo infantil sigue siendo un desafío complejo que requiere un enfoque integral y coordinado. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado la situación, incrementando el riesgo de que más niños sean forzados a trabajar para sostener a sus familias. Se estima que millones de niños en todo el mundo se encuentran actualmente involucrados en trabajos peligrosos y perjudiciales.