Ceuta y Melilla, ciudades autónomas españolas, representan las únicas fronteras terrestres significativas de la Unión Europea con África. Estas ciudades se han convertido en puntos de entrada para migrantes que buscan acceder a Europa. La situación es particularmente sensible debido a que Marruecos ha utilizado históricamente el flujo de personas como herramienta de presión política contra España. Esta táctica implica permitir o facilitar el paso de migrantes a través de las fronteras en momentos de tensión diplomática. La crisis migratoria en Ceuta pone de relieve la complejidad de la gestión fronteriza y las implicaciones geopolíticas de la migración en la región. El control de estas fronteras se ha convertido en foco de disputa entre España y Marruecos, con consecuencias humanitarias y políticas significativas.