Durante el juicio de Iker Casillas contra el FC Porto y Fidelidade por 3,7 millones de euros, un perito médico testificó que la causa principal del infarto sufrido por el exfutbolista no fue el entrenamiento físico. La evaluación determinó que el origen del problema fue una enfermedad coronaria preexistente. El entrenamiento, según el testimonio, pudo haber actuado como un "desencadenante", pero no como la causa directa del evento. Casillas busca una indemnización por daños sufridos tras el infarto, alegando incapacidad laboral. La defensa del FC Porto y Fidelidade argumenta que el club y la aseguradora no son responsables del incidente. El juicio continúa para determinar la responsabilidad y el monto de la posible compensación. La pericia médica presentada es un elemento clave en el desarrollo del caso.