Un mes después de los terremotos, numerosas familias en Caracas siguen sin poder regresar a sus hogares, viviendo en carpas improvisadas y enfrentando condiciones precarias. A pesar de que las autoridades declaran haber establecido más de cien campamentos de atención, persiste una notable presencia de personas desamparadas. Los relatos recogidos evidencian una distribución desigual de la ayuda y una respuesta insuficiente para cubrir las necesidades de todos los damnificados. Esta situación revela una crisis habitacional agravada por el desastre natural y pone de manifiesto las dificultades para la reconstrucción y el reasentamiento de las familias afectadas. La persistencia de estas carpas, entre edificios dañados, simboliza la lentitud y las carencias en la gestión de la emergencia. Se necesita una mayor coordinación y recursos para garantizar una ayuda efectiva y digna para todos los que lo perdieron todo.