Más de 300.000 madres canadienses fueron obligadas a renunciar a sus bebés en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Estas adopciones forzadas ocurrieron frecuentemente en hogares de maternidad religiosos que recibían fondos públicos. Las mujeres, en su mayoría solteras, se vieron presionadas a entregar a sus hijos para adopción. A pesar del impacto duradero en las vidas de estas madres y sus hijos, el gobierno federal canadiense aún no ha emitido una disculpa formal. Organizaciones y las propias afectadas están intensificando la presión para que se reconozca el daño causado. La falta de una respuesta gubernamental ha generado frustración y un llamado a la rendición de cuentas. Se busca una compensación y un reconocimiento oficial del sufrimiento experimentado.