Durante los meses de febrero y marzo de 2026, el grupo terrorista Boko Haram y sus facciones aliadas intensificaron sus ataques en Camerún. Estas ofensivas forman parte de una estrategia más amplia para implantar un califato basado en principios separatistas. La situación se describe como un escenario de desesperación y caos que afecta gravemente la estabilidad de la región. Las autoridades locales enfrentan la complejidad de combatir grupos con objetivos ideológicos nebulosos pero violentos. El impacto de estas incursiones ha generado una crisis humanitaria y de seguridad creciente. El gobierno camerunés busca mitigar la expansión de estas células terroristas en el territorio. Se mantiene una vigilancia estricta para evitar que el proyecto separatista logre consolidarse.
