Nuevos indicios revelan que Bulgaria habría autorizado la exportación de tecnología de vigilancia a agencias de inteligencia, fuerzas policiales y organismos militares de decenas de países. La investigación se centra en el papel de Tal Dillian, cuya implicación aún está siendo determinada. Se desconoce el alcance total de las exportaciones y los países destinatarios específicos, aunque se confirma su distribución a nivel global. Las autoridades búlgaras han iniciado una pesquisa para esclarecer las circunstancias de estas autorizaciones y determinar si se cumplieron las regulaciones pertinentes. El caso plantea interrogantes sobre la supervisión de la exportación de tecnología sensible y su posible uso indebido. La situación ha generado preocupación en cuanto a la seguridad nacional y la privacidad de los datos a nivel internacional. Se espera que la investigación arroje luz sobre la red de contactos y las motivaciones detrás de estas operaciones.
