Bulgaria se opone a las sanciones de la Unión Europea dirigidas al patriarca ruso Kirill y a la petrolera Lukoil, incluyendo sus filiales. La ministra de Asuntos Exteriores búlgara, Velislava Petrova, anunció esta decisión en Sofía, argumentando preocupaciones sobre el impacto de estas medidas. Según Petrova, las sanciones podrían generar un ambiente propicio para la propaganda anti-europea. Bulgaria teme que las restricciones no sean efectivas y podrían tener consecuencias negativas imprevistas. La postura búlgara introduce una disensión dentro de la UE respecto a las sanciones contra Rusia. Esta oposición podría complicar los esfuerzos de la UE por mantener una postura unificada frente a la invasión rusa de Ucrania.