A diez años del referéndum que impulsó el Brexit, la percepción pública en el Reino Unido ha dado un giro significativo. Encuestas recientes indican que una clara mayoría de los ciudadanos británicos se arrepiente de haber abandonado el bloque europeo. Este sentimiento refleja una creciente convicción de que la separación ha tenido consecuencias negativas. Sin embargo, la postura de los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea es distinta. El bloque no muestra urgencia ni una disposición inmediata para facilitar el regreso de Londres. A pesar del deseo británico, la UE mantiene una actitud cautelosa respecto a la reapertura de sus puertas. El escenario actual evidencia una desconexión entre la voluntad popular británica y la voluntad política europea.