Una década después del Brexit, el número de ciudadanos europeos residentes en el Reino Unido ha disminuido significativamente. La salida del bloque ha complicado drásticamente los procesos para obtener visados legales de residencia. Esta situación ha generado que muchos europeos se sientan desplazados en el territorio británico. Como consecuencia de las restricciones administrativas, algunos ciudadanos han optado por migrar de manera ilegal. El fenómeno refleja una transformación en el estatus jurídico de los europeos, quienes ahora se perciben a sí mismos como migrantes. El endurecimiento de las políticas migratorias sigue marcando la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea.