Brasil inició su camino en el campeonato sin generar la impresión de un equipo candidato al título. En su primer encuentro, la selección brasileña mostró debilidades que pudieron derivar en una derrota frente a Marruecos. El partido finalizó en un empate 1-1, reflejando una falta de dominio del conjunto sudamericano. A pesar del resultado, ambos equipos demostraron tener el potencial necesario para avanzar en la competición. El desempeño actual de Brasil contrasta con las expectativas previas que lo situaban como el principal favorito. Este inicio irregular plantea interrogantes sobre la capacidad real del equipo para conquistar el trofeo. El análisis periodístico sugiere que el equipo no luce actualmente como un futuro campeón del mundo.
