El objetivo de Bolojan parece haber sido evitar que Rumanía cayera en una crisis presupuestaria, y según las leyes económicas, tuvo éxito. A pesar de la severidad de las realidades económicas, Rumanía no ha colapsado y no se considera actualmente como “basura” financiera. El presupuesto nacional muestra mejoras notables. Sin embargo, persiste una pregunta fundamental: ¿qué tipo de país se desea? La situación plantea una elección entre un liderazgo del PSD+AUR o una coalición PSD-UDMR (+PNL), definiendo así el futuro rumbo de la nación. El debate se centra en la dirección política que tomará Rumanía en los próximos años. Se destaca la tensión entre evitar el desastre económico inmediato y definir una visión a largo plazo para el país.