Bolivia ha declarado el estado de emergencia y desplegado al ejército para contener las protestas que azotan al país. Las manifestaciones han generado escasez de combustible, alimentos y medicinas en las principales ciudades bolivianas. La economía nacional ha sufrido pérdidas multimillonarias como consecuencia de la inestabilidad. Estas protestas representan un desafío al primer gobierno no socialista en dos décadas en Bolivia. El gobierno busca restablecer el orden público y garantizar el suministro de bienes básicos a la población. La situación plantea interrogantes sobre la estabilidad política y económica del país a corto y mediano plazo. Las autoridades no han especificado la duración del estado de emergencia.
