El presidente boliviano, Rodrigo Paz, decretó el estado de emergencia a nivel nacional tras más de seis semanas de protestas y bloqueos de carreteras. La medida busca restablecer el orden público y garantizar el suministro de alimentos y combustible en todo el país. Los bloqueos, organizados por diversos grupos sociales, han generado escasez de productos básicos y afectado la economía nacional. El gobierno acusa a los manifestantes de buscar la desestabilización política. La declaración de emergencia otorga a las fuerzas de seguridad mayores facultades para mantener el orden. Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por posibles abusos durante el estado de emergencia. Se espera que el gobierno inicie negociaciones con los grupos protestantes para buscar una solución a la crisis.