Las autoridades bolivianas han declarado el estado de emergencia, autorizando el despliegue del ejército para apoyar a la policía. Esta medida se produce después de cinco semanas de protestas en contra del gobierno. Según fuentes oficiales, ya no existen bloqueos activos en el país tras la implementación del decreto. La decisión busca restablecer el orden público y garantizar la estabilidad nacional frente a las manifestaciones. El gobierno no ha especificado la duración del estado de emergencia, pero indica que se mantendrá mientras sea necesario para controlar la situación. Organizaciones sociales y la oposición han criticado la medida, considerándola una represión a las protestas legítimas.
