El presidente boliviano, Rodrigo Paz, declaró el estado de emergencia en todo el país tras siete semanas de protestas y bloqueos de carreteras. Las manifestaciones, lideradas por sectores agrícolas y simpatizantes del ex presidente Evo Morales, exigen la renuncia de Paz. La medida autoriza el despliegue de militares en las calles para restablecer el orden y liberar las vías de comunicación. El gobierno boliviano justifica la decisión como necesaria para garantizar el abastecimiento y la estabilidad. Los bloqueos han afectado significativamente la economía y el suministro de productos básicos. Organizaciones sociales han condenado la militarización y anticipan una escalada del conflicto. La situación política en Bolivia se mantiene tensa y polarizada.