Un multimillonario invirtió en la adquisición de un canal de televisión en Las Vegas con un propósito singular: poder ver su película favorita en cualquier momento que deseara. La compra generó revuelo, ya que no se trataba de una estrategia empresarial tradicional, sino de una pasión personal. El hombre, sin revelar su identidad, ha visionado la película cientos de veces a través del canal. Esta peculiar práctica no solo se limitó al inversor; los habitantes de toda Las Vegas también han sido testigos de las constantes repeticiones. La situación ha provocado comentarios y curiosidad entre los residentes de la ciudad. Se desconoce si el multimillonario tiene planes futuros para el canal más allá de su propio entretenimiento.