La inestabilidad política se ha convertido en una característica dominante en los países desarrollados, superando incluso el auge del populismo. Los gobiernos enfrentan dificultades crecientes para mantenerse en el poder durante un mandato completo, y mucho menos para ser reelegidos. Esta tendencia hacia la transitoriedad gubernamental plantea interrogantes sobre la capacidad de los líderes para implementar políticas a largo plazo. Analistas señalan que diversos factores contribuyen a esta situación, incluyendo la polarización política y la rápida sucesión de crisis. Aunque la reelección parece cada vez más improbable para muchos, la atención se centra ahora en la reacción del mercado de bonos ante esta volatilidad. La fragilidad política podría tener implicaciones significativas para la economía global.