Una piscina pública en Berlín canceló un evento planeado exclusivamente para comunidades negras debido a la reacción pública y a crecientes preocupaciones de seguridad. El evento, que iba a cerrar temporalmente la piscina al público general durante seis horas, estaba destinado a proporcionar un espacio seguro para jóvenes negros. Los organizadores argumentaron que niños y adolescentes negros habían sido objeto de acoso racista y de extrema derecha en eventos de natación anteriores. La decisión de restringir el acceso generó controversia y críticas, aunque la piscina defiende la medida como una respuesta necesaria para proteger a los asistentes. La piscina, que costó 300.000 euros, buscaba crear un ambiente inclusivo, pero la cancelación destaca las tensiones raciales existentes. El incidente subraya la necesidad de abordar el acoso y la discriminación en los espacios públicos.