Una pareja divorciada en Bélgica ha optado por una solución inusual para la crianza de sus hijos: vivir en casas contiguas. Esta disposición facilita la participación equitativa en la vida de los niños y agiliza la logística diaria. La pareja ha establecido límites claros para preservar la dinámica familiar y evitar conflictos con futuras relaciones sentimentales. Su modelo se basa en la comunicación y el respeto mutuo, elementos que consideran esenciales para el éxito de esta convivencia particular. La iniciativa busca priorizar el bienestar de los hijos tras la separación. La pareja enfatiza que esta solución solo funciona si ambos individuos comprenden y aceptan la situación. Este enfoque innovador plantea una alternativa a los modelos tradicionales de coparentalidad.