La ciudad de Belfast se encuentra sumida en un clima de violencia y disturbios. Grupos de manifestantes han recurrido a la quema de viviendas con el objetivo explícito de expulsar a la población migrante. Mientras algunos trabajadores sociales manifiestan comprender el descontento social subyacente, la realidad en las calles es alarmante. El miedo se ha extendido entre los residentes extranjeros, quienes temen por su integridad física. Un ejemplo concreto es el de una enfermera de origen indio, quien siente temor al transitar hacia su hogar. Estos incidentes reflejan una escalada de odio y xenofobia en la región. La situación mantiene en alerta a las autoridades locales ante la posibilidad de nuevos ataques.