Belfast vive momentos de tensión tras una escalada de violencia desencadenada por protestas contra la inmigración. Los disturbios, que comenzaron tras un ataque con cuchillo perpetrado por un refugiado sudanés, han provocado destrozos significativos en la ciudad y el cierre de comercios. Varias familias rumanas han sido objeto de ataques directos, generando preocupación en la comunidad. Las calles permanecen prácticamente desiertas mientras las autoridades se preparan para posibles nuevos enfrentamientos. La situación ha llevado a un clima de inseguridad y ha puesto de manifiesto las tensiones existentes en torno a la inmigración en la ciudad. Se investigan los incidentes y se refuerza la seguridad para evitar una mayor escalada de la violencia.