La batalla de Mohács, librada en 1526, enfrentó al ejército de Luis II de Hungría contra una fuerza otomana significativamente superior. A pesar de la valentía húngara, el resultado fue una derrota devastadora que cambió el curso de la historia centroeuropea. Luis II perdió la vida en el campo de batalla, dejando a Hungría sin rey y vulnerable a la expansión otomana. Esta derrota marcó el fin de la independencia húngara y el comienzo de un largo período de dominio otomano en gran parte del territorio. La batalla no solo afectó a Hungría, sino que también tuvo profundas consecuencias para las estructuras de poder en toda la región. Mohács se considera un punto de inflexión que reconfiguró el mapa político y cultural de Europa Central durante siglos. Su impacto resonó mucho después de su conclusión, moldeando el futuro de naciones enteras.