Un bebé recién nacido fue declarado muerto tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en un hospital. Los padres, devastados, se preparaban para el funeral cuando, en la morgue, el personal observó movimientos en el cuerpo del niño. Asombrados, confirmaron que el bebé aún estaba vivo, reviviendo tras ser dado por fallecido. Los padres describen el acontecimiento como un milagro, mientras el hospital afirma que se siguieron todos los protocolos médicos establecidos. Se ha iniciado una investigación para esclarecer las circunstancias que llevaron al diagnóstico erróneo y la posterior "resurrección" del bebé. El caso ha generado conmoción y debate sobre la precisión de los procedimientos médicos en situaciones críticas.