El presidente Trump anunció que las empresas automotrices Ford y General Motors comenzarán a producir armamento militar, incluyendo misiles de crucero Tomahawk y sistemas de defensa aérea Patriot. Esta decisión forma parte de una estrategia económica más amplia destinada a reponer los arsenales estadounidenses, que se han visto disminuidos tras el conflicto con Irán. La medida implica una reorientación significativa en la producción de estas compañías, tradicionalmente dedicadas a la fabricación de vehículos. El gobierno de EE.UU. busca fortalecer su capacidad defensiva a través de la utilización de la infraestructura industrial existente. No se especificaron los plazos exactos para el inicio de la producción ni el volumen de armamento a fabricar. La iniciativa busca impulsar la economía nacional al tiempo que aborda las necesidades de seguridad del país. Esta es una medida sin precedentes en la historia reciente de la industria automotriz estadounidense.