Australia ha declarado que posee reservas de gasolina para 43 días y de diésel para 31 días, lo que le permite resistir los altos precios sin necesidad de adquirir combustible de Rusia. Esta decisión se toma en un contexto en el que Estados Unidos ha abierto su mercado a las importaciones de combustible ruso. Australia enfatiza que no desea que Vladimir Putin se beneficie económicamente de la guerra en Medio Oriente. El gobierno australiano considera que mantener las sanciones y evitar la compra de combustible ruso es crucial para presionar a Rusia y debilitar su capacidad para continuar con el conflicto. La independencia energética de Australia, a través de sus reservas estratégicas, le permite adoptar una postura firme frente a la situación. Esta estrategia se alinea con los esfuerzos internacionales para aislar económicamente a Rusia. La postura australiana contrasta con la de Estados Unidos, que prioriza la estabilidad del mercado energético global.

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