El gobierno australiano reducirá el impuesto sobre los combustibles en 16 céntimos por litro a partir de julio, en un intento por aliviar la carga económica sobre los conductores. La medida, valorada en 400 millones de dólares australianos, busca contrarrestar el aumento de los precios del combustible a nivel mundial. El primer ministro Albanese defendió la decisión, calificándola como una acción prudente ante la inestabilidad geopolítica. Esta iniciativa se produce en un momento de crecientes tensiones, especialmente con el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, lo que amenaza las negociaciones de paz en la región. El gobierno argumenta que la reducción del impuesto es una respuesta directa a las presiones inflacionarias que afectan a los consumidores. Analistas sugieren que la medida podría tener un impacto limitado a largo plazo si los precios internacionales del petróleo continúan aumentando. La oposición ha criticado la medida, considerándola un parche temporal sin una estrategia energética a largo plazo.