En 1994, el defensor italiano Franco Baresi sufrió una rotura de menisco que requirió intervención quirúrgica. A pesar de la gravedad de la lesión, Baresi regresó a la cancha en un tiempo sorprendentemente corto de 22 días, jugando los 120 minutos de la final del Mundial de ese año. Este caso ha generado comparaciones y preguntas sobre la posibilidad de aplicar protocolos de recuperación similares en el contexto de la selección argentina. La historia de Baresi destaca la determinación del jugador y la eficacia del equipo médico italiano en aquel entonces. Se busca analizar si la experiencia italiana podría ofrecer lecciones valiosas para la preparación física de los futbolistas argentinos. El rápido retorno de Baresi al campo de juego es considerado un ejemplo inusual en el mundo del fútbol profesional. La pregunta central es si Argentina podría replicar este éxito en situaciones similares con sus propios jugadores.