La actividad en las calles de Argentina disminuyó notablemente durante los partidos de la Selección Nacional en el Mundial. Testimonios revelan un descenso inusual en el tránsito, con subtes poco concurridos y comercios con escasa clientela. Incluso establecimientos como heladerías, habitualmente populares, carecieron de filas. Esta situación refleja la concentración masiva de la población frente a los televisores y otros dispositivos para seguir los encuentros. La atmósfera en la vía pública contrastó fuertemente con la intensa emoción vivida en hogares y espacios públicos con pantallas. El fenómeno evidencia cómo un evento deportivo de esta magnitud puede alterar temporalmente la dinámica cotidiana del país. Se describe una escena inusual, casi fantasmal, de una nación entera inmersa en el fútbol.
