El gobierno argentino admite el impacto negativo del caso Adorni en su gestión, a más de tres meses de que el escándalo saliera a la luz. A pesar de la cercanía del Mundial de fútbol, fuentes oficiales expresan pesimismo sobre la posibilidad de que el evento logre desviar la atención pública de la controversia. Existe un creciente hartazgo dentro del oficialismo, acompañado de una falta de confianza en la capacidad del deporte para eclipsar el escándalo. La situación refleja una evaluación interna de la gravedad del impacto y la dificultad de mitigar sus consecuencias. El gobierno reconoce que el caso Adorni ha generado un daño significativo a su imagen y credibilidad. La admisión implica una resignación ante la persistencia de la atención mediática y la opinión pública sobre el tema.