José Manuel Carvalho Araújo, un arquitecto portugués conocido como el "arquitecto-poeta", se identifica más como artista que como arquitecto. Araújo manifiesta que su proceso de diseño está profundamente arraigado en la consideración de las personas para las que crea, a diferencia del diseño, donde se centra en la autoexpresión. Reflexiona sobre el carácter efímero de sus obras, incluso imaginando su eventual declive. Su filosofía se basa en una preocupación por el impacto de la arquitectura en la vida de los demás. Para Araújo, la arquitectura es una vocación que trasciende la mera construcción. Considera el espacio como una manifestación artística destinada a mejorar la experiencia humana.