Históricamente, los árabes se consideraban los únicos poseedores de la elocuencia y la maestría lingüística, despreciando la capacidad comunicativa de otras culturas a las que denominaban “mudos”. La llegada del Corán, sin embargo, presentó un desafío significativo a esta autoproclamada superioridad. El idioma del texto sagrado islámico, con su complejidad y belleza, cuestionó la primacía lingüística árabe. Este desafío intelectual implicó una aparente “derrota” para los árabes en el ámbito del lenguaje y la literatura. La capacidad del Corán de articularse en un árabe excepcionalmente refinado puso en duda la exclusividad de su dominio lingüístico. El evento marcó un punto de inflexión en la percepción de la lengua árabe y su posición en el mundo.
