El trastorno de personalidad antisocial, frecuentemente menos reconocido que el narcisismo, podría ser más común de lo que se cree. Sus síntomas suelen manifestarse en la infancia, aunque un entorno familiar estable puede disminuir significativamente el riesgo de su desarrollo. Esta condición, a menudo pasada por alto, necesita mayor atención por parte de los profesionales de la salud mental. La detección temprana y el apoyo adecuado son cruciales para mejorar el pronóstico de las personas afectadas. A pesar de su potencial gravedad, un ambiente de crianza positivo puede ser un factor protector importante. Se destaca la necesidad de investigar más a fondo la prevalencia y las características de este trastorno.