La Antártida ha registrado la temperatura más alta jamás medida en invierno, alcanzando los 15,5 grados Celsius en una base de investigación argentina. Esta cifra supera en más de 20 grados el promedio habitual para esta época del año en el continente blanco. Diversas bases antárticas han reportado temperaturas excepcionalmente elevadas, superando el récord anterior de 13,3 grados establecido en 1998. Los investigadores describen la situación como una ola de calor, con áreas libres de hielo y precipitaciones en forma de lluvia en lugar de nieve. Expertos atribuyen este fenómeno al cambio climático, aunque reconocen la complejidad de los factores involucrados. El paisaje antártico ha experimentado una transformación visible, pasando de blanco a tonos marrones, grises y verdes. Estas altas temperaturas están afectando negativamente al ecosistema local, especialmente a las colonias de pingüinos, y se planean investigaciones adicionales para comprender mejor el clima antártico.