Un nuevo estudio basado en el análisis de cerámica helenística ha detectado cambios significativos en el campo magnético de la Tierra. Los investigadores analizaron jarras y asas de ánforas procedentes de Jerusalén y de la isla griega de Rodas. Los hallazgos revelan que hubo una caída brusca en la intensidad del campo magnético durante el siglo II a.C. Este descubrimiento permite comprender mejor las variaciones geomagnéticas ocurridas hace más de 2.000 años. Además, el estudio sugiere que estos datos podrían ayudar a los arqueólogos a mejorar sus métodos de datación. La investigación destaca la utilidad de los materiales antiguos como registros geofísicos. En conjunto, el análisis de estas piezas aporta evidencia clave sobre la inestabilidad magnética del pasado.
