Un dron ruso, operado completamente por inteligencia artificial, causó la muerte de tres civiles ucranianos, según informes recientes. El sistema de armas utilizaba componentes, incluyendo chips, fabricados por una empresa estadounidense, generando controversia sobre la cadena de suministro y la responsabilidad. Este incidente ha reavivado el debate sobre el desarrollo y despliegue de armas autónomas impulsadas por IA. El Comité Internacional de la Cruz Roja ha expresado su firme oposición al uso de armamento de IA sin supervisión humana. Sin embargo, algunos expertos sostienen paradójicamente que estas armas podrían ser más precisas y, por lo tanto, reducir bajas civiles. La situación plantea interrogantes cruciales sobre la ética y la regulación de la inteligencia artificial en el ámbito militar. El incidente subraya la necesidad de un diálogo internacional urgente sobre el futuro de la guerra autónoma.