Un fotógrafo se enfrenta a la incertidumbre sobre la autoría de una imagen, tras recibir comentarios que sugieren que fue generada por Inteligencia Artificial (IA). Incluso ChatGPT coincide con esta posibilidad, planteando dudas sobre la originalidad de la obra. Este incidente subraya la creciente dificultad para distinguir entre contenido creado por humanos y aquel generado por algoritmos de IA. La proliferación de herramientas de IA capaces de producir imágenes realistas difumina los límites de la creatividad y la autenticidad. El debate se centra en cómo la capacidad de la IA para imitar la creación humana afecta la percepción de la verdad y la autoría. La situación plantea interrogantes sobre el futuro de la propiedad intelectual y la confianza en el contenido visual en la era digital. La facilidad con la que se puede atribuir la creación a la IA, incluso erróneamente, amenaza con erosionar la valoración del trabajo humano.