Empresas estadounidenses se enfrentan a dificultades para predecir los gastos relacionados con la inteligencia artificial (IA). Inicialmente, se promovió el uso extensivo de la IA, una práctica conocida como “tokenmaxxing”. Sin embargo, la facturación reveló la necesidad de un control más estricto del consumo de “tokens”, las unidades que miden el uso de la IA. Un estudio reciente demostró que solo el 11% de casi 400 empresas encuestadas fueron capaces de pronosticar con precisión sus gastos en IA. Esta falta de previsibilidad representa un desafío significativo para la planificación financiera de las compañías. La gestión de los tokens, y por ende, el control de costos, se ha convertido en una tarea compleja para las organizaciones. La dificultad radica en la medición precisa del uso de la IA y su traducción en costos tangibles.